Ya no puedo controlarte.
El sexo, los celos. ¿Qué más da?
Si mi existencia es enriquecida gradualmente, como en las conquistas, por tu invasión.
Si nuestra existencia, por su intercambio cultural, es paulatinamente más única.
Por qué celarte si quisiera más bien, regocijarme en tu existir, que hace coalisión con el mío.
Por qué negarte y negarle a otros el placer de oler tus flores?
Brotando en rocío tibio de verano
Por qué negarles el estar contigo y escuchar tus trinares mágicos y joviales?
Por qué negarte el que puedas amar más cada vez, más fuerte y más puro?
Por qué negarme a mí misma la energía del sol, en mis láminas oxidadas?
No entiendo porqué celarte,
si en realidad te amo y admiro lo suficiente como para desear que nadie deje de escucharte.
Te amo lo suficiente como para desear que tus pensamientos nunca dejen de germinar en todas las tierras.
Como aquellas flores que crecieron en mi pecho, con el compás que marcaba tu corazón en mis adentros.